Imaginemos por un momento un niño. Es un día soleado por la tarde, y vienen sus amigos a buscarlo para ir a jugar a la pelota. Cuando está por salir de casa, lo llama su madre y le dice: “Pablito, antes de ir a jugar al fútbol ¿puedes ordenar tu cuarto?”.

El niño le responde: “no mamá, mis amigos me están esperando, quiero ir a jugar ahora”.

La madre, entonces, le pide: “por favor Pablo, no quiero que te vayas de casa sin que tu habitación esté ordenada”.

Pablito le responde: “dale má, que se va hacer tarde y no voy a poder jugar todo lo que quiero”.

Entonces su mamá le pregunta: “Hijo, ¿tú quieres a tu madre?”.
“Sí mamá, claro que si”
“¿Tu amas a tu madre?”
“¡Sí má!”
“¿Y quieres que tu madre te ame?”
“¡Por supuesto má!”
“Entonces, hazme el favor de ordenar tu cuarto antes de ir a jugar al fútbol”

Ustedes, ¿qué creen que va a elegir el niño?

Si esta situación sucede una vez, no pasa nada.
Si sucede dos veces, no pasa mucho.
Pero si esta situación, o este tipo de situaciones, se repiten periódicamente, el niño va a asociar que para que lo amen va a tener que hacer lo que los demás le pidan.
Esa asociación se va a grabar en lo más profundo de su ser, muy cerca de su esencia y va a condicionar toda la relaciones futuras que él tenga.

Es importante en terapia llegar a descubrir este tipo de asociaciones que se encuentran en lo profundo de nuestro inconsciente para que, al hacerlas consciente, al darnos cuenta de cómo nos relacionamos con los demás, podamos elegir hacerlo de otra manera.

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